Un mito griego nos explica cabalmente por qué los cuervos son negros y por qué tienen cierta querencia por apoderarse de los ojos ajenos… Por lo visto, al principio los cuervos eran blancos como la nieve. Pero ocurrió que una de esas aves inmaculadas le servía a Apolo para labores de espionaje. Por aquellos tiempos, Apolo estaba enamoradísimo de Corónide, la hija de Flegias. Pero Corónide, sentía, desde mucho tiempo atrás, una turbulenta pasión por Isquis. Cierto día, Apolo se marchó a Delfos para uno de sus asuntos (a un recado, como diría mi madre), y en su ausencia, Corónide, pese a llevar ya un hijo del dios en su vientre (Asclepios), admitió en su lecho a Isquis. Ahora bien, Apolo había tenido la precaución de dejar a un cuervo como vigilante de los movimientos de Corónide, de quien ya sospechaba. A los dioses no es fácil engañarlos.
El cuervo contempló asombrado la traición de Corónide y a continuación voló raudo a Delfos, para informar a Apolo. Este enfureció y lo pagó con el pobre pajarraco, a quien además recriminó por no haberle sacado los ojos in situ a Isquis. Le lanzó el arpa y el pectro. Y porque no tenía otra cosa a mano… Esa ira del dios fue la que ennegreció para siempre la piel del cuervo y la de toda su estirpe, que, además, a partir de ese momento se especializó en el triste arte de sacar los ojos a diferentes animales, tal vez para evitar nuevos castigos divinos. Un arte que dio lugar a la expresión “cría cuervos…”
Mostrando entradas con la etiqueta El Cuervo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Cuervo. Mostrar todas las entradas
miércoles, 6 de julio de 2011
El Cuervo by Lou Reed
The Raven es un álbum conceptual de Lou Reed lanzado en 2003. Su objetivo es relatar los cuentos y poemas de Edgar Allan Poe a traves de la palabra y la canción. Ambos "The Bed" y "Perfect Day" son nuevas y muy diferentes versiones de canciones clásicas de Reed de álbumes previos, y la canción "Fire Music" es noise. En adición a Reed este presenta a varios vocalistas invitados incluyendo a Laurie Anderson, David Bowie, Antony Hegarty, Steve Buscemi y Willem Dafoe. El productor, Hal Willner, había producido previamente el álbum tributo a Poe Closed on Account of Rabies.
La grabación fue simultaneamente lanzado tanto en una edición especial de 2 CDs como en una versión reducida de uno solo.
Arte de tapa y fotografía del pintor New Yorkino Julian Schnabel.
Algunas imagenes del libro publicado en 2010 por Lou Reed con ilustraciones de Lorenzo Mattotti:
La grabación fue simultaneamente lanzado tanto en una edición especial de 2 CDs como en una versión reducida de uno solo.
Arte de tapa y fotografía del pintor New Yorkino Julian Schnabel.
Algunas imagenes del libro publicado en 2010 por Lou Reed con ilustraciones de Lorenzo Mattotti:
El Cuervo - Edgar Allan Poe
Una fosca media noche, cuando en tristes reflexiones,
Sobre más de un raro infolio de olvidados cronicones
Inclinaba soñoliento la cabeza, de repente
A mi puerta oí llamar;
Como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
Mano tímida a tocar:
"¡Es - me dije - una visita que llamando está a mi puerta:
eso es todo y nada más!".
¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
Y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
Cuan ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
Procurando en vano hallar
Tregua a la honda desventura de la muerta Leonora;
La radiante, la sin par
Virgen rara a quien Leonora los querubes llaman, ahora
Ya sin nombre... ¡nunca más!
Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
Me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
De tal modo que el latido de mi pecho palpitante
Procurando dominar,
"¡Es, sin duda, un visitante-repetía con instancia-
Que a mi alcoba quiere entrar:
Un tardío visitante a las puertas de mi estancia...,
Eso es todo, y nada más!".
Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
"Caballero, dije, o dama: mil perdones os demando;
Mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
Me vinisteis a llamar,
Y con tal delicadeza y tan tímida constancia
Os pusisteis a tocar,
Que no oí", dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y... nada más!
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños,
Quedé allí-cual antes nadie los soñó-forjando sueños;
Más profundo era el silencio, y la calma no acusaba
Ruido alguno..., resonar
Sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora
Yo me puse a murmurar,
Y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora...!
Esto apenas, ¡nada más!
A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia,
Pronto oí llamar de nuevo, esta vez con más violencia:
"De seguro -dije- es algo que se posa en mi persiana,
Pues, veamos de encontrar
La razón abierta y llana de este caso raro y serio,
Y el enigma averiguar:
¡Corazón, calma un instante, y aclaremos el misterio...:
Es el viento, y nada más!".
La ventana abrí, y con rítmico aleteo y garbo extraño,
Entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto,
Con aspecto señorial,
Fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
De mi puerta el cabezal;
Sobre el busto que de Pallas representa
Fue y posóse, y ¡nada más!
A mi puerta oí llamar;
Como si alguien, suavemente, se pusiese con incierta
Mano tímida a tocar:
"¡Es - me dije - una visita que llamando está a mi puerta:
eso es todo y nada más!".
¡Ah! Bien claro lo recuerdo: era el crudo mes del hielo,
Y su espectro cada brasa moribunda enviaba al suelo.
Cuan ansioso el nuevo día deseaba, en la lectura
Procurando en vano hallar
Tregua a la honda desventura de la muerta Leonora;
La radiante, la sin par
Virgen rara a quien Leonora los querubes llaman, ahora
Ya sin nombre... ¡nunca más!
Y el crujido triste, incierto, de las rojas colgaduras
Me aterraba, me llenaba de fantásticas pavuras,
De tal modo que el latido de mi pecho palpitante
Procurando dominar,
"¡Es, sin duda, un visitante-repetía con instancia-
Que a mi alcoba quiere entrar:
Un tardío visitante a las puertas de mi estancia...,
Eso es todo, y nada más!".
Poco a poco, fuerza y bríos fue mi espíritu cobrando:
"Caballero, dije, o dama: mil perdones os demando;
Mas, el caso es que dormía, y con tanta gentileza
Me vinisteis a llamar,
Y con tal delicadeza y tan tímida constancia
Os pusisteis a tocar,
Que no oí", dije, y las puertas abrí al punto de mi estancia:
¡sombras sólo y... nada más!
Mudo, trémulo, en la sombra por mirar haciendo empeños,
Quedé allí-cual antes nadie los soñó-forjando sueños;
Más profundo era el silencio, y la calma no acusaba
Ruido alguno..., resonar
Sólo un nombre se escuchaba que en voz baja a aquella hora
Yo me puse a murmurar,
Y que el eco repetía como un soplo: ¡Leonora...!
Esto apenas, ¡nada más!
A mi alcoba retornando con el alma en turbulencia,
Pronto oí llamar de nuevo, esta vez con más violencia:
"De seguro -dije- es algo que se posa en mi persiana,
Pues, veamos de encontrar
La razón abierta y llana de este caso raro y serio,
Y el enigma averiguar:
¡Corazón, calma un instante, y aclaremos el misterio...:
Es el viento, y nada más!".
La ventana abrí, y con rítmico aleteo y garbo extraño,
Entró un cuervo majestuoso de la sacra edad de antaño.
Sin pararse ni un instante ni señales dar de susto,
Con aspecto señorial,
Fue a posarse sobre un busto de Minerva que ornamenta
De mi puerta el cabezal;
Sobre el busto que de Pallas representa
Fue y posóse, y ¡nada más!
Trocó entonces el negro pájaro en sonrisas mi tristeza
Con su grave, torva y seria, decorosa gentileza;
Y le dije: "Aunque la cresta calva llevas, de seguro
No eres cuervo nocturnal,
¡viejo, infausto cuervo oscuro vagabundo en la tiniebla...!
Dime, ¿cuál tu nombre, cuál,
En el reino plutoniano de la noche y de la niebla...?"
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".
Asombrado quedé oyendo así hablar al avechucho,
Si bien su árida respuesta no expresaba poco o mucho;
Pues preciso es convengamos en que nunca hubo criatura
Que lograse contemplar
Ave alguna en la moldura de su puerta encaramada,
Ave o bruto reposar
Sobre efigie en la cornisa de su puerta cincelada,
Con tal nombre: "Nunca más".
Mas el cuervo fijo, inmóvil, en la grave efigie aquélla,
Sólo dijo esa palabra, cual si su alma fuese en ella
Vinculada, ni una pluma sacudía, ni un acento
Se le oía pronunciar...
Dije entonces al momento: "Ya otros antes se han marchado,
Y la aurora al despuntar,
él también se irá volando cual mis sueños han volado".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".
Por respuesta tan abrupta como justa sorprendido,
"No hay ya duda alguna -dije-, lo que dice es aprendido;
Aprendido de algún amo desdichado a quien la suerte
Persiguiera sin cesar,
Persiguiera hasta la muerte, hasta el punto de, en su duelo,
Sus canciones terminar
Y el clamor de su esperanza con el triste ritornelo
De: ¡Jamás, y nunca más!".
Mas el cuervo provocando mi alma triste a la sonrisa,
Mi sillón rodé hasta el frente de ave y busto y de cornisa;
Luego, hundiéndome en la seda, fantasía y fantasía
Dime entonces a juntar,
Por saber que pretendía aquel pájaro ominoso
De un pasado inmemorial,
Aquel hosco, torvo, infausto, cuervo lúgubre y odioso
Al graznar: "¡Nunca jamás!".
Quedé aquesto investigando frente al cuervo, en honda calma,
Cuyos ojos encendidos me abrasaban pecho y alma.
Esto y más-sobre cojines reclinado-con anhelo
Me empeñaba en descifrar,
Sobre el rojo terciopelo do imprimía viva huella
Luminosa mi fanal,
Terciopelo cuya púrpura ¡ay! Jamás volverá élla
A oprimir, ¡ah, nunca más!
Parecióme el aire, entonces, por incógnito incensario
Que un querube columpiase de mi alcoba en el santuario,
Perfumado. "¡Miserable ser-me dije-Dios te ha oído,
Y por medio angelical,
Tregua, tregua y el olvido del recuerdo de Leonora
Te ha venido hoy a brindar:
Bebe, bebe ese nepente, y así todo olvida ahora!".
Dijo el cuervo: "Nunca más".
¡Oh, Profeta-dije-o duende!, mas profeta al fin, ya seas
Ave o diablo, ya te envía la tormenta, ya te veas
Por los ábregos barrido a esta playa, desolado
Pero intrépido, a este hogar
Por los males devastado, dime, dime, te lo imploro.
¿Llegaré jamas a hallar
Algún bálsamo o consuelo para el mal que triste lloro?.
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".
"¡Oh, Profeta-dije-o diablo! Por ese ancho, combo velo
De zafir que nos cobija, por el sumo Dios del cielo
A quien ambos adoramos, dile a esta alma dolorida,
Presa infausta del pesar,
Si jamás en otra vida la doncella arrobadora
A mi seno he de estrechar,
La alma virgen a quien llaman los arcángeles Leonora...".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".
"¡Esa voz, oh cuervo, sea la señal de la partida
--grité alzándome--, retorna, vuelve a tu hórrida guarida,
La plutónica ribera de la noche y de la bruma...!
¡De tu horrenda falsedad
En memoria, ni una pluma dejes, negra! ¡El busto deja!
¡Deja en paz mi soledad!
¡Quita el pico de mi pecho! ¡De mi umbral tu forma aleja...!".
Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".
¡Y aun el cuervo inmóvil!, fijo, sigue fijo en la escultura,
Sobre el busto que ornamenta de mi puerta la moldura....
Y sus ojos son los ojos de un demonio que, durmiendo,
Las visiones ve del mal;
Y la luz sobre él cayendo, sobre el suelo flota..., nunca
Se alzará..., nunca jamás!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





